
Dicen en la justicia que el desconocimiento de la ley no te exime de sus alcances. Y aunque muchos argumentan y banalizan ese desconocimiento, es bueno que así sea por la simple razón de que todos los que habitamos una sociedad debemos, al menos, conocer los riesgos que enfrentar cuando se afecta los derechos de los demás.
La misma lógica debe aplicarse al mundo digital, donde circulan sin mayores remordimientos toneladas de pseudoinformación, a las que, pomposamente, se identifica como contenido y que, a más de pisotear con frecuencia honras, se escudan en el desconocimiento, haciendo gala de su ignorancia supina de procesos sociales para justificar el meme chistoso que trastocó por completo circunstancias históricas, políticas, religiosas, algunas de ellas sagradas.
No es, sin embargo, nuevo. Ya antes de esta oleada digital de memes que intentan ser caricaturescos, se escuchaban distorsiones entre relatores radiales, que suelen “bautizar” a jugadores y artistas de manera inusitada. El más reciente lo escuche hace apenas días: llaman “el último inca” al jugador peruano Claudio Pizarro, haciendo pedazos todo el contexto histórico del conquistador que, con ese apellido, lideró en realidad el exterminio del Imperio inca, dictando la sentencia de muerte a Atahualpa, ese sí, el último inca reconocido. Y en esa línea están los que le dicen “equipo paisa” a la selección de Colombia como si fuese solo representante de Medellín. Igual están los que le dicen “equipo carioca” a la selección de Brasil, cuando no solo juega por Río de Janeiro.
El turno, y con mucha repercusión, le ha tocado al crack francés Kylian Mbappé, a quien algún youtuber apodó “el dictador”, en alusión a su duro liderazgo en su selección y su equipo. Días atrás, debió pedir disculpas a todo un país, a la gigantesca China y sus autoridades, por haber manifestado en una entrevista cuál era el meme alusivo que más le ha gustado. El delantero del Real Madrid describió una imagen en la que su cara aparece superpuesta a la de “un tipo, creo que es un dictador chino”. La imagen a la que se refería era la de Mao.
Tanto el memécrata que lo hizo como el jugador que lo acogió con gracia hicieron muestra de una ignorancia histórica que se volvió ofensiva. Mao Zedong, para los líderes del Partido Comunista chino, representa el origen de la China moderna, por lo que afectar su memoria equivaldría a socavar los cimientos de su sistema de gobierno actual.
Hasta ahora, el jugador ha emitido sus disculpas en tres idiomas, admitiendo lo “desacertado” del comentario “que hirió a mucha gente en China y en las comunidades chinas de todo el mundo”, al tiempo de reiterar que sentía “un profundo respeto por el pueblo chino y su historia”. Y hasta ahora ha sufrido la deserción de tres de sus importantes auspiciantes chinos y una televisora ha bloqueado su contenido.
¿El desconocimiento de la historia lo exime de la consecuencia de mofarse de ella? Hay quienes defienden con ardor que sí, que “no tiene la obligación de saberlo”. No libra, sin duda, a personajes como Mbappé y su altísima popularidad de ver desangrar su prestigio. Y su bolsillo. (O)




