Noviembre, el penúltimo mes del año, el que empezamos recordando a nuestros muertos y terminaremos eligiendo nuevas autoridades seccionales. Noviembre de transición, un mes que trae incertidumbres de todo orden, pero especialmente en el tema social, económico y político ¿cómo irá nuestra vida en medio de inundaciones? ¿Qué pasará con los empleados cuyos trabajos no pueden hacerse de manera remota? ¿Qué pasará con los planes para evitar que la economía se vaya al traste? ¿Quiénes subirán al poder? ¿Qué promesas se cumplirán y cuáles serán solo palabras tarimeras?
Entonces, nos enfrentamos a demasiadas preguntas sin respuestas, mientras los candidatos se pelean las redes sociales para demostrar quién baila con más ritmo, quién explica mejor los planes hechos con inteligencia artificial, a quien le trapea la lengua para hablar, quien tiene coherencia, quien habla con lucidez y quien es mejor que descanse un poco, el debate de ideas y la defensa de conceptos parece quedar en el limbo de la memoria de los más viejos. Recuerdo debates donde se exponían problemas y soluciones, debates donde el orgullo y la hidalguía peleaban a la altura, incluso recuerdo la época en que para insultar se utilizaba el ingenio y la elegancia, pero veo con preocupación que muchas personas con aparente carencia de licencias intelectuales o inexpertos en el servicio social desfilan campantes sus candidaturas con supina audacia sin vergüenza alguna, sumado al séquito de saltimbanquis de teclado que aplauden y replican sin analizar los discursos de tarima de quienes les pagan por sus actividades en redes sociales, pero no los juzgo, esas personas también deben llevar la comida a su casa y pagar sus servicios básicos, lo único que me hace ruido es que este corifeo de teclado pone en evidencia su rastrero deseo de ingresar o regresar a los lugares donde algunos estuvieron demasiado tiempo sin hacer un cambio positivo, pero como siempre digo, el voto es el boleto para un giro que lleve a nuestras ciudades por un mejor derrotero que devuelva la belleza y brinde soluciones para los problemas que como una lupa se han puesto en mayor evidencia bajo la lluvia.
Por tanto, es importante recordar ¿cuál es el perfil del gobernante que deseamos?, ¿cuáles son los cambios puntuales que necesita nuestra ciudad?, ¿qué candidato o candidata realmente está en capacidad de resolver los problemas que nos aquejan a los ciudadanos diariamente? Es importante tener presente que las elecciones en democracia son la única oportunidad para que el pueblo cambie su destino y tenga lo que desea o merece, porque luego, quejarnos en redes sociales bajo la lluvia e iluminados con una vela desde los últimos minutos de batería de nuestros teléfonos celulares, no servirá para nada.
Finalmente, espero que la lluvia limpie el ambiente y permita que los ciudadanos podamos ir con la cabeza despejada en busca de autoridades que cumplan lo que prometen y traigan el cambio positivo que necesitamos. Corolario, me quedo con las palabras de Barack Obama: “El futuro nos reserva algo mejor, siempre que tengamos el valor de seguir intentándolo, seguir trabajando, seguir luchando”. (O)




