
Donald Trump es el responsable de la derrota republicana en las elecciones intermedias de EE. UU. Recordar que el partido del presidente suele perder estos comicios no explica semejante descalabro. Hay una diferencia entre sufrir el desgaste del poder y perder ambas cámaras del Congreso mientras se derrumban bastiones que parecían inexpugnables. Quien convirtió al Partido Republicano en una organización subordinada a su persona debe asumir el costo de esa identificación.
Su aprobación, del 32 % según Reuters, ayuda a comprender el resultado. Prometió prosperidad, pero la guerra con Irán contribuyó al encarecimiento de los combustibles. Amenazó con incorporar Canadá y Groenlandia, deteriorando relaciones con aliados. Defendió aceptar un avión de lujo regalado por Qatar para uso presidencial, pese a posibles conflictos de interés. El manejo contradictorio de los archivos de Epstein indignó incluso a sus seguidores. La grandilocuencia chocó con sus contradicciones.
A esto se le suma una política migratoria errática y cruel. La persecución alcanzó a personas sin condenas penales y solicitantes de asilo con trámites pendientes. La Administración retiró protecciones que permitían trabajar legalmente. Según el Migration Policy Institute, el 71 % de los deportados que llevaban al menos dos años en EE. UU. carecía de condenas penales. Un Estado puede controlar sus fronteras sin convertir el sufrimiento en espectáculo y propaganda. Casi seis de cada diez votantes hispanos respaldaron a candidatos demócratas a la Cámara de Representantes.
Texas permite dimensionar el castigo. Hace dos años, Trump ganó allí por casi 14 puntos. Ahora, el demócrata James Talarico obtuvo una ventaja de aproximadamente 12 en la elección senatorial. Aunque son contiendas distintas, el desplazamiento de casi 26 puntos es extraordinario. Los demócratas conquistaron además la gobernación y los demás cargos ejecutivos estatales. En uno de los símbolos del conservadurismo estadounidense, el derrumbe fue total.
Otros indicadores confirman la magnitud del golpe. El balance provisional registra siete escaños senatoriales arrebatados a republicanos y ninguno perdido por los demócratas. Kansas eligió un senador demócrata por primera vez desde 1932. Ni siquiera funcionó el rediseño de distritos con el que los republicanos buscaban proteger su mayoría. Figuras republicanas reconocieron el desastre: Ted Cruz habló de un “tsunami azul”, Ron DeSantis de un “evento de extinción”, y el vicepresidente J. D. Vance atribuyó la derrota a la guerra con Irán.
La oposición ahora podrá bloquear proyectos de ley, exigir concesiones, frenar nombramientos de jueces y funcionarios e investigar a la Administración. Incluso podría iniciar otro juicio político, aunque destituir al presidente aún necesitaría apoyo republicano. Trump conserva amplios poderes ejecutivos, pero perderá el respaldo legislativo de su agenda.
Quien reclama todos los méritos de las victorias no puede eludir las derrotas. Los republicanos podrán reconstruirse cuando dejen de confundir lealtad con obediencia y propaganda con gestión. Mientras sigan buscando excusas, seguirán sin comprender el mensaje de las urnas. (O)




