Mauricio Riofrío para Ecuador Radio www.ecuadorradiofm.com
Hay libros que cuentan una vida y otros que permiten comprender cuánto cuesta sostenerla con dignidad. Diana: más allá de la fiscal, pertenece a estos últimos, detrás de los expedientes y la espesa bruma de la burocracia judicial, aparece una mujer que debía preparar acusaciones históricas mientras intentaba mantener en pie su propia casa. La República conocía a la fiscal, estas páginas nos acercan a la persona.
Odebrecht, Sobornos, Las Torres, Sinohydro, Reconstrucción de Manabí, Metástasis, Purga, Plaga, etc, dibujan una geografía del poder investigado. Salazar asumió responsabilidades que exigían preparación, temple y coraje, investigar la corrupción significa entrar donde la mayoría prefiere cerrar los ojos, tanto como acusar a quienes se creían intocables significa aceptar que también intentarán destruir al acusador.
Pero el drama más revelador ocurre lejos de las audiencias, según describe, mientras avanzaba el caso Sobornos, atravesaba una crisis matrimonial marcada por violencia psicológica, a la autoridad y funcionaria que enfrentaba al poder, se le reprochaba no cocinar, no estar, no servir. Su divorcio fue, de acuerdo con el relato, una decisión de dignidad y una lección para su hija, pues el respeto también se enseña poniendo límites.
Afroecuatoriana de origen humilde, madre y cabeza de familia, conoció el peso acumulado del racismo, el machismo y el prejuicio social, quisieron convertir su color en agravio, ella sostuvo la mirada sin amilanarse, no cabe duda que, la vergüenza pertenecía a quien pretendía humillarla.
El maestro Simón Espinosa Cordero condensa esa indignación, en el prólogo del libro, con una frase extraordinaria que señala la responsabilidad consciente de quienes eligen discriminar: “¡Oh, Martin Luther King!, no los perdones porque sí saben lo que hacen”.
La reflexión sobre sus ancestros añade otra dimensión, la de honrar el sufrimiento heredado sin permitir que determine su destino, porque reconocer las heridas de la esclavitud y combatir la discriminación presente, puede convivir con su afirmación de libertad: “mi historia no me condena”, allí habla la nieta que recuerda, la hija que agradece y la madre que quiere legar caminos.
También conmueve y dice mucho, la gratitud y reconocimiento a su equipo de trabajo, raro en una cultura pública, como la nuestra, donde tantos , gerentes, dirigentes y pseudo lideres monopolizan los aplausos. Compartir el mérito revela generosidad y liderazgo. Diana reconoce que resistieron juntos los embates de la mafia política, está claro que, la operación de justicia necesita convicciones, pero también compañeros capaces de sostenerlas cuando llega el miedo o la presión, venga de donde viniere.
Este libro merece ser leído con respeto, porque muestra el costo humano de enfrentar la corrupción sin esconder la fragilidad de quien lo hizo. Ojalá el Ecuador encuentre, en el futuro, nuevas responsabilidades públicas, de mayor representación, para esa experiencia y ese carácter.
Un país herido necesita personas que conozcan el precio de mantenerse firmes, a Diana, los poderosos no la vieron venir y al final del camino, el tiempo, las pruebas y la ley, puso a cada quien en su lugar…


